En Manabí los residuos orgánicos se convierten en una solución para el agua
Investigación pública y cooperación internacional se unen para convertir un problema ambiental en una solución productiva para el campo manabita.

Cada día, los mercados de las ciudades ecuatorianas generan toneladas de residuos orgánicos que terminan en vertederos. Al mismo tiempo, los productores de plátano en Manabí enfrentan un desafío recurrente: qué hacer con el agua que utilizan para lavar el fruto antes de venderlo. Ambos problemas parecían no tener relación, pero hoy, una investigación los conecta.
Se trata del proyecto "Estudio de la obtención de bio-productos a partir de la pirólisis de la fracción orgánica de los residuos sólidos urbanos (FORSU) para mitigación de impactos ambientales y revalorización de residuos", ejecutado por el Instituto de Investigación Geológico y Energético (IIGE) con financiamiento de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).
En el marco de esta investigación, se desarrolló el sistema “Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) – Biocarbón”, instalado en las instalaciones de la Federación Nacional de Productores de Plátano del Ecuador (FENAPROPE), en El Carmen. Los residuos orgánicos de los mercados, sometidos a un proceso llamado pirólisis, se convierten en biocarbón, un material con capacidad para filtrar y limpiar agua. Ese biocarbón es el que ahora se utiliza para tratar el agua del lavado del plátano, evitando que llegue contaminada a los ríos o al suelo.
Esta iniciativa beneficia directamente a más de 2.000 miembros de la FENAPROPE y plantea una alternativa para transformar un residuo en un material con potencial de aprovechamiento, aplicándolo al tratamiento de agua bajo principios de economía circular y valorización de recursos.
Los estudios realizados en Manabí confirmaron que la fracción orgánica de los residuos de la zona tiene un alto poder calorífico, lo que la convierte en materia prima viable para este tipo de procesos. Es decir, lo que antes era basura hoy tiene un uso concreto y medible.
Con esta apuesta, Ecuador da un paso concreto hacia un modelo donde los residuos dejan de ser un pasivo ambiental y se convierten en un recurso útil para el campo.